Friday, December 28, 2012

Reseña del libro de Alejandro Estrella "Clío ante el espejo. Un socioanálisis de E. P. Thompson"





Acaba de publicarse en el último número de Historiografías Revista de Historia y Teoría, 4 (2012), pp. 127-130, una recensión de la obra de nuestro compañero del HUM-536, Alejandro Estrella, Clío ante el espejo. Un socioanálisis de E. P. Thompson, Cádiz, Universidad de Cádiz, Universidad Autónoma Metropolitana, 2012. Su autor es Francisco Vázquez. Puede consultarse pinchando aquí

Thursday, December 27, 2012

SEMINARIO DEDICADO A LA MEMORIA DE FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

 "Hacer de la pasión de los de abajo una pasión razonada,
apta para que tome cuerpo en otra sociedad, en una sociedad sin 
clases, sin explotación, sin alienación"
 Francisco Fernández Buey
 (1943-2012)



A la vuelta de las vacaciones de enero, a partir del día 14, se celebrará, organizado por distintos miembros del grupo HUM-536, un seminario ("Pensar el marxismo hoy"), dedicado a la memoria de Francisco Fernández Buey, fallecido el año pasado. Reproducimos debajo el programa.
Lunes 14
09:15 h.
Presentación
09:30-11:30 h.
Sesión I

Ponentes:

Juan Ramón Capella:
Algunos aspectos de la innovación teorética de Manuel Sacristán
José Luis Moreno Pestaña:
Jacobo Muñoz responde a la pregunta: ¿Qué es el marxismo?
Moderadora:
María Francisca Fernández Cáceres
16:30-18:30 h.
Sesión II

Ponentes:

Francisco José Martínez:
Marxismo y heterodoxia. En recuerdo de Paco Fernández Buey
Jordi Mir:
Una filosofía desde abajo y en dialogo con los movimientos sociales. Aportaciones pensando con Francisco Fernández Buey
Moderador:
Juan Gustavo Núñez Olguín
Martes 15

09:30-11:30 h.
Sesión III

Ponentes:

Ramón Vargas-Machuca:
Socialdemocracia y marxismo en la transición española: un punto de vista

Antonio García-Santesmases:
Marxismo y Estado. Cuarenta años después.
Moderador:
Jorge Costa Delgado
11:30 h.
Clausura
Seminario

Pensar el Marxismo Hoy

Organizan
Universidad de Cádiz

Proyecto I+D (FFI2010-15196) “Vigilancia de fronteras, colaboración crítica y reconversión: un estudio comparado de las relaciones de la filosofía con las ciencias sociales en España y Francia (1940-1990)”
Organizadores:
María Francisca Fernández Cáceres

Juan Gustavo Núñez Olguín
Fecha
14 y 15 de enero de 2013
Lugar
Aula Magna. Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Cádiz
Avenida Doctor Gómez Ulla s/n. 11003-Cádiz
Información
juan.nunez@uca.es

www.sociologyofphilosophy.blogspot.com.es

Saturday, December 22, 2012

Dos reseñas de Francisco Vázquez sobre libros de Marisa Miranda y Rafael Huertas



En las revistas de Historia de la Ciencia, Dynamis 201; 32 (2012), 1, pp. 245-247 y Asclepio, LXIV (2012), 2, pp. 610-613, se han publicado sendas recensiones de Francisco Vázquez sobre dos recientes trabajos de la profesora argentina Marisa Miranda y del investigador del CSIC, Rafael Huertas. Se trata respectivamente de Controlar lo incontrolable. Una historia de la sexualidad en la Argentina, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2011 y de Historia cultural de la psiquiatría. (Re) pensar la locura
Madrid, Los Libros de la Catarata, 2012. Debajo reproducimos ambas reseñas:

 
Marisa Miranda. Controlar lo incontrolable. Una historia de la sexualidad en la Argentina, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2011, 243 p. ISBN 978-950-786-876-4, 10’36 euros

 

Este libro excelente ofrece un diagnóstico acerca de la actualidad de la regulación de la sexualidad en Argentina, apoyándose en el análisis histórico. Como bien se deja claro desde el comienzo, no se trata de una historia de los comportamientos sexuales ni de las mentalidades acerca de la sexualidad. Se está más bien ante lo que podría llamarse, en clave foucaultiana, una historia de las “problematizaciones”. Esta consiste en un examen crítico de las propuestas tendentes al gobierno de la conducta sexual como parte del gobierno “biopolítico” de la población argentina. Lo estudiado consiste en programas de intervención, el modo de gestionarlos, su eventual conformación como propuestas legislativas y los efectos de su aplicación.

Estas problematizaciones o tipos de racionalidad sirvieron a una modalidad de biopolítica y a una serie de tecnologías igualmente específicas. Se trata de la biopolítica, entre “interventora” y “autoritaria” –por emplear conceptos que hemos articulado en otro lugar- desplegada en un periodo particularmente accidentado de la historia argentina, caracterizado por la alternancia entre ciclos democráticos y fases de golpismo militar. Las tecnologías en cuestión tienen que ver con la eugenesia. Aquí la autora perfila un concepto especialmente fecundo; el de “eugenesia latina”, una trama de procedimientos y de discursos marcada por la hibridación de perspectivas ambientalistas y hereditaristas; la relativa armonización con los planteamientos de la Iglesia Católica en materia de moral sexual y familiar y la filiación con la biotipología italiana formulada por Nicola Pende, antes que con la eugenesia ortodoxamente galtoniana. La importancia de esta variante eugenésica en la biopolítica argentina del periodo considerado, es espectacular. El libro lo muestra poniendo de relieve la existencia de poderosas asociaciones (como el Museo Social Argentino, la Sociedad Eugénica Argentina y la Liga Argentina de profilaxis Social) e influyentes personajes (como Arturo Rossi, Carlos Bernaldo de Quirós o Aráoz Alfaro) que irrigaron con sus planteamientos eugenésicos la administración de la población argentina –desde las políticas sociales del justicialismo hasta el genocidio emprendido por la última dictadura militar- y todo ello hasta fechas increíblemente recientes.

En esta preferencia por la indagación de las estrategias eugenésicas, la autora se ocupa de todo lo relacionado con lo que Foucault denominó el “cuarto eje” del dispositivo de la sexualidad: la socialización de las conductas procreadoras, esto es, la gestión, subordinada al interés público, de las conductas sexuales en tanto involucradas en los procesos reproductivos. La autora pasa revista a este asunto en el curso de los seis capítulos que se ocupan respectivamente de “la construcción científica de la otredad” (esto es, el aval científico de la estigmatización de los “diferentes” en materia sexual); el noviazgo (consulta prenupcial, certificado prenupcial, etc..); el matrimonio y el divorcio (profilaxis antivenérea y políticas de la prostitución incluidas); las uniones ilegítimas y la acción contra la soltería; la maternidad y la lactancia mercenaria y, finalmente, la hegemonía heterosexual (en la medida en que el homosexual ostentaba un placer inútil, sin rendimiento procreativo).

En cada uno de estos apartados se explora con solvencia el papel desempeñado por los distintos expertos, asociaciones y organismos implicados en los diversos dispositivos de intervención. Se ponen de relieve las alianzas, pero también las fricciones y tensiones entre las diferentes lógicas y agentes (Iglesia, ejército, judicatura, corporaciones médicas y asistenciales, partidos políticos, Parlamento, etc.) implicados. Tiene mucho interés la continua alusión –mediante análisis comparados y de recepción- a los modelos de intervención eugenésica articulados en la Italia fascista (con la alusión eminente a la obra de Pende y a las medidas biopolíticas mussolinianas) y en la España franquista (con la remisión primordial a la obra de Vallejo Nájera). Para el historiador de la sexualidad en España, el libro ofrece interesantísimas pistas acerca de la recepción de la obra de Marañón en Argentina, de las implicaciones del caso Hildegart en el país andino o del peculiar periplo intercontinental del cantante Miguel de Molina. 

Aunque la referencia al enfoque genealógico de Foucault y a su noción de biopolítica son de obligado cumplimiento en un libro como este, su autora propone también –sabiendo disimular con maestría lo teórico bajo el trabajo empírico- otros ejes de lectura que rectifican y enriquecen el clásico relato foucaultiano. La preocupación constante por captar el sesgo excluyente , es decir heterófobo, de las estrategias eugenésicas desplegadas, vincula a este libro con el análisis de la lógica inmunitaria presentado por Roberto Esposito en sus trabajos sobre biopolítica. Esta orientación le permite al mismo tiempo calibrar la virtual supervivencia de restos excluyentes (por ejemplo en las políticas arbitradas en la prevención del VIH) en la actual biopolítica argentina, más allá de la actitud favorable ante unas propuestas (como la reciente ley de matrimonio igualitario) que apuntan a la inclusión ciudadana.

Por último, la autora incorpora en su investigación el enfoque en términos de género. La trama biopolítica que subtiende a la regulación de la sexualidad en Argentina tiene como blanco la población y su optimización, pero se dirige también a conformar un tipo de familia caracterizado por el afianzamiento de la división dicotómica entre los géneros. Pues bien, también en este caso se detecta la tendencia actual –aquí es crucial la referencia al movimiento de las “madres” y “abuelas” de Mayo- a un cierto aunque limitado debilitamiento de esa estructura dicotómica.

En su trabajo, la autora mantiene relaciones muy fructíferas con el grupo de investigación radicado en el Instituto de Historia de la Ciencia del CSIC (Raquel Álvarez, Rafael Huertas, Ricardo Campos, Andrés Galera, Álvaro Girón, etc..), que tanta importancia ha tenido para el desarrollo de la historia de la eugenesia y de la sexualidad en el mundo español e hispánico, en general. Al mismo tiempo, su obra pone al descubierto el excelente y creciente plantel de estudiosos argentinos que se ocupan de estas materias. Esperemos que esta valiosa contribución sirva para tender puentes entre los investigadores de ambos lados del Atlántico, haciendo posible algo que ya es hora de reclamar: una historia comparada de la eugenesia y de la sexualidad en el mundo latino.

                                 Francisco Vázquez García, Universidad de Cádiz


Rafael Huertas. Historia cultural de la psiquiatría. (Re) pensar la locura
Madrid, Los Libros de la Catarata, 2012, 221 págs. [ISBN 978-84-8319-695-3]

El extraordinario e innovador impulso recibido por la historia de la psiquiatría en los últimos cincuenta años –cuyo inicio estuvo marcado por la publicación en 1961 de la Historia de la locura de Michel Foucault- requería sin duda una puesta al día que ordenara sintéticamente las distintas opciones teóricas y metodológicas involucradas, cartografiando el perfil de los debates más importantes y de las pistas con más porvenir dentro de la disciplina. La flamante monografía de Rafael Huertas, cuya prolongada trayectoria dentro del puntero grupo de investigadores del Departamento de Historia de la Ciencia (CSIC) es bien conocida, cumple sin duda estos requisitos, dando forma a un completísimo estado de la cuestión, pero su alcance va mucho más allá.

En su trabajo se lleva a cabo una acabada reconstrucción del campo internacional de la historiografía psiquiátrica en su conjunto, pero al mismo tiempo se elabora una propuesta propia y original. Esta se define a partir de un diálogo con las principales alternativas que jalonan ese campo. Haciendo gala de ese sano “eclecticismo” que Jean-Claude Passeron supo ponderar en las disciplinas de corte multiparadigmático,[1] Rafael Huertas no se limita a postular la complementariedad de los distintos enfoques convocados, desde la narrativa del “control social” (Foucault, Castel) hasta la “historia conceptual” (Berrios), pasando por el modelo dialógico (Swain, Gauchet), el “nominalismo dinámico” (Hacking), “la historia desde abajo” (Porter) o el análisis de las retóricas de legitimación profesional (Goldstein). Más allá de la tendencia a considerar estas álgebras de descripción histórica como mutuamente excluyentes, se insiste en la complementariedad de las distintas inteligibilidades que proporcionan. Se hace valer así un pluralismo metodológico efectivo, integrando dialécticamente las diversas perspectivas concernidas e ilustrándolo mediante la exhibición de casos históricos concretos.

En esa propuesta se rechaza el positivismo de una psiquiatría plenamente naturalizada, que habría encontrado al fin un paradigma estable y unificado en el lenguaje de las neurociencias y donde el síntoma quedaría identificado con una carencia o disfunción, explicable exclusivamente a partir de patrones neurobiológicos que permitirían obviar toda referencia al contexto.[2] En cambio, la exigencia de emplazar al síntoma en la trayectoria vital del paciente y en la trama histórica y política de las instituciones y de los sistemas socioculturales, aproxima este trabajo, por un lado, a las tradiciones del psicoanálisis y de la fenomenología, y por otro, a los enfoques del constructivismo social y de la genealogía foucaultiana.

Sin embargo esta vecindad de la propuesta de Huertas con tendencias de signo antropológico o crítico-emancipatorio no lo llevan en ningún momento a recusar, como sucede en el “foucaultismo vulgar”, en diversas advocaciones del “control social” o en ciertas versiones postmodernas del constructivismo, la intención científica y terapéutica del saber psiquiátrico. Este encuentra su lenguaje propio en una semiología de proyección clínica, una tradición casi bicentenaria que tiene la peculiaridad de formularse como praxeología, como “teoría para la práctica”, donde la demanda de remedio por parte del enfermo prima sobre el intelectualismo dogmático de las doctrinas.

Rafael Huertas levanta acta de la debilidad teórica de la psiquiatría en el tiempo presente, del desafío que para su especificidad como conocimiento representa hoy la expansión imperial de las neurociencias y, por último, de la necesidad de recurrir a la historia para sortear estos peligros. La historia de la psiquiatría le permite al pensamiento psicopatológico una ganancia de reflexividad, ayudando a contextualizar sus objetos en el curso de la experiencia individual y colectiva. Al mismo tiempo, las reconstrucciones históricas se revelan necesarias para reactualizar ese legado bicentenario que representa el lenguaje clínico de los síntomas. La historia aparece entonces como el laboratorio de la epistemología, definida por Huertas en términos casi literalmente bourdieusianos, como conciencia crítica de lo que se hace;[3] en este caso de lo que hacen los psiquiatras cuando actúan de un modo y no de otro.

La propuesta se articula a través de un diálogo jalonado en siete estaciones. En cada una de ellas se confronta críticamente una determinada perspectiva y las controversias a ella vinculadas.

El planteamiento contrastado en el primer capítulo es la hipótesis del “control social” y los interlocutores privilegiados son Michel Foucault y su discípulo Robert Castel. Se reconstruye la historia del concepto de “control social” desde su contexto funcionalista inicial hasta sus implicaciones en una ciencia social crítica que arranca con la Escuela de Frankfurt y llega hasta la antipsiquiatría, pasando por los trabajos de Goffman y de los representantes de la label theory. Esta tradición tiene el mérito de haber inaugurado una historiografía crítica que da cuenta de los nexos que unen al saber psiquiátrico con el ejercicio del poder en nuestras sociedades. Al mismo tiempo se señalan las debilidades de estas narrativas: la falacia del manicomio como laboratorio de normalización social, el mito de la sociedad plenamente “disciplinada”, la visión monolítica y homogénea del poder de los expertos, la pasividad de los gobernados y el énfasis en un engañoso “orden psiquiátrico”.

En el segundo capítulo se pasa revista a aquellos trabajos que subrayan la condición liberadora, democratizadora, dialogante y terapéutica del saber psiquiátrico. Aquí los interlocutores de referencia son Gladys Swain y en menor medida Marcel Gauchet. Las investigaciones de estos estudiosos, que insisten en los atributos de la psiquiatría que acaban de mencionarse, suelen aparecer contrapuestos a la línea abierta por Foucault y Castel. El capítulo tiene el mérito de demostrar la complementariedad de ambas perspectivas; cada una de ellas ilumina un aspecto del alienismo, variable según se opte por la vía amable del tratamiento moral que ofrece Pinel, o por la variante sombría expuesta por Leuret.

En el tercer capítulo el problema no es ya si la práctica psiquiátrica es un instrumento de control social o un diálogo con el “insensato”, integrador de su subjetividad. Aquí el concepto guía es el de “profesión”: ¿en qué medida constituye la psiquiatría un campo profesional autónomo?; ¿qué funciones legitimadoras desempeña este ámbito corporativo? La interpelación procede principalmente de los trabajos de Jan Goldstein. En Console and Classify y en The Postrevolutionary Self, esta historiadora, sustentada en un saludable eclecticismo sociológico, ha sabido deslindar las “políticas de patronazgo” que subtienden a las redes profesionales de la psiquiatría, localizando las dinámicas de monopolio que acompañan a la formación y difusión de ciertos conceptos (“monomanía”, “histeria”) condicionados a su vez por los espacios de observación privilegiados en las trayectorias respectivas de los especialistas. La obra de Goldstein consigue así aglutinar la historia intelectual de las evoluciones conceptuales, la historia social de las estrategias profesionales y los grupos de intereses, y la historia política de las técnicas para la gestión de poblaciones.

El capítulo cuarto pone sobre el tapete el debate acerca del construccionismo. En este caso, la brújula de la discusión la suministran principalmente los trabajos de Ian Hacking acerca de “enfermedades transitorias” -históricamente mudables y relativamente efímeras- como la personalidad múltiple o el automatismo ambulatorio. Aunque Hacking se muestra muy crítico con un construccionismo irrestricto que no respeta la distinción entre clases conceptuales (indiferentes, interactivas, híbridas), sus estudios, bien delimitados empíricamente pero de intención más epistémica que histórica, muestran el carácter pasajero e históricamente construido de ciertas enfermedades mentales. Se constata la fecundidad del modelo vectorial de análisis (el “nicho ecológico” de las enfermedades) propuesto por el canadiense, así como su exploración del efecto “bucle” en los procesos de invención de tipos de persona. Al mismo tiempo se señalan sus limitaciones: lo que a menudo parece la descomposición histórica absoluta de un síndrome o de un trastorno, puede ocultar un fenómeno de evolución conceptual, cuando, como estudió Canguilhem, una continuidad conceptual se disimula bajo un desplazamiento terminológico. Algo así sucedió en los casos de la monomanía y la histeria.

Si la fortaleza principal del esquema constructivista de Hacking consiste en mostrar el condicionamiento cultural de las enfermedades, el mérito más destacado de Germán Berrios y del grupo que lidera en Cambridge –cuyas contribuciones se evalúan en el quinto capítulo- consiste en intentar reactualizar el lenguaje semiológico de la psicopatología clásica. Esto les ha conducido a elaborar una historia conceptual de la psiquiatría cuya intención es mejorar el basamento teórico de esta disciplina. Frente a la acefalia crónica de manuales de diagnóstico como el DSM, alérgico a toda elaboración teórica y obsesionado con la fiabilidad estadística de las definiciones propuestas, Berrios y su equipo hacen prevalecer la validez de las explicaciones proporcionadas por un discurso semiológico fundado en la experiencia clínica.

Las principales debilidades de esta historia conceptual de los síntomas, tienen que ver con su aferramiento a un modelo exclusivamente biomédico. En sus críticas a la historia externalista de la psiquiatría, Berrios y sus discípulos corren el riesgo de dejar a un lado los elementos contextuales, reduciendo el síntoma a la expresión de meras señales neurobiológicas. Al mismo tiempo, su reactualización de las descripciones psicopatológicas del pasado puede derivar en un presentismo que olvida la dimensión histórica y mudable de las enfermedades mentales.

En este punto y recuperando las aportaciones de la psicopatología fenomenológica y de los enfoques psicodinámicos –poco estimados por Berrios y su grupo, Huertas propone un modelo integrador que supere la dicotomía entre internalismo y externalismo y atienda a la dimensión de la subjetividad en la práctica clínica.

Precisamente el capitulo sexto se refiere a este asunto. ¿Cómo afrontar una historiografía psiquiátrica que, sin renunciar a sus funciones epistemológicas, acoja la experiencia del paciente y dé cuenta de la condición praxeológica (teoría de una práctica) de la psicopatología? En este caso, el interlocutor de turno es Roy Porter, autor de un programa pionero para escribir la historia de la psiquiatría “desde abajo”. Esto implica dar un lugar preferente a la documentación de los archivos clínicos, hasta ahora no suficientemente atendida. En estas fuentes (los historiales clínicos) se advierte por un lado la diferencia entre las formulaciones abstractas que aparecen en los tratados médicos y las peculiaridades contingentes de la práctica clínica cotidiana. Por otro lado, en estos depósitos se encuentra también buena parte del corpus (cartas, diarios, peticiones, etc.) que permite escuchar la voz de los pacientes y el recuento de su experiencia en primera persona. Esta es una de las vías más prometedoras para la futura historiografía psiquiátrica y responde a la vocación del psiquiatra en pro del diálogo con el enfermo y d ela apertura a su individualidad concreta.

El libro concluye con un capítulo dedicado a justificar, en la línea de lo indicado al comienzo de este comentario, el valor de la historiografía psiquiátrica como herramienta de reflexión epistemológica y como ayuda para el mejoramiento teórico de la propia psiquiatría. Siguiendo aquí una estela abierta por Lanteri-Laura, discípulo de Canguilhem, se pondera la necesaria cooperación (“interacción dinámica”) entre psiquiatras e historiadores, evitando al mismo tiempo los peligros del anacronismo y la falacia de una “historia anticuaria” que pretende desvincular la actualidad psiquiátrica respecto a la herencia histórica que la conforma. En esta epistemología histórica que pretende vertebrar las diferentes dimensiones (experiencia histórica y política, experiencia del sujeto enfermo, experiencia clínica recogida en el lenguaje de los síntomas) de la práctica psiquiátrica, Huertas encuentra el mejor antídoto contra las nuevas formas de reduccionismo que asedian hoy al pensamiento psicopatológico. No habla de oídas; el engarce entre las diversas tradiciones invocadas no consiste en un comentario o amalgama de textos escritos por otros. En la mayoría de los casos y como historiador practicante de largo aliento y experiencia, Rafael Huertas ha puesto a prueba los distintos enfoques mencionados en su libro. Por su eso su lección vale por dos.             

 Francisco Vázquez García. Universidad de Cádiz



[1] Passeron, J.C. (2006), Le raissonnement sociologique. Un espace non poppérien de l’argumentation, Paris, Albin Michel, p. 552
[2] Sobre la imposibilidad del “cierre semántico” en ciencias sociales, eludiendo el contexto gracias al lenguaje formalizado de las variables o, en este caso, al lenguaje transhistórico de la neurobiología, véase Passeron (2006), p. 621
[3] Sobre la epistemología como reflexión que apunta a poner al día los esquemas de la práctica científica, tanto en sus errores como en sus éxitos, véase Bourdieu, P. y Wacquant, L., Réponses. Pour une anthropologie réflexive, Paris, Ed. Du Seuil,  p. 196




Almuerzo de la Hermandad Filosófica de Cádiz



 
 
 
El pasado martes 18 de diciembre tuvo lugar la ya tradicional comida de Navidad que reúne a la hermandad filosófica de Cádiz. Esta congregación está compuesta por los que son o han sido profesores de filosofía de la UCA. En la fotografía, realizada por el compañero Cándido Martín, puede verse de pie, de izquierda a derecha a Carlos Mougán, Ramón Vargas-Machuca, Cinta Canterla, Paco Vázquez, Antonio Frías y José Luis Moreno. Sentados de izquierda a derecha, está Juan López y José Luis Rodríguez Sández. Se trata de los miembros de esta hermandad que asistieron al último´cónclave gastronómico

Friday, December 21, 2012

Recensión de Nerea Aresti del libro "Los hermafroditas"


En el último número publicado de la  Arenal. Revista de Historia de las Mujeres, 19 (2012) 1, pp. 258-261, ha salido una recensión del libro de Richard Cleminson y Francisco Vázquez, Los hermafroditas. Medicina e identidad sexual en España (1850-1960). Su autora es Nerea Aresti, profesora de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco y una de las máximas especialistas españolas en los Estudios de Género. Reproducimos debajo su texto.




 
 
 

VÁZQUEZ GARCÍA, Francisco y CLEMINSON, Richard: Los hermafroditas.
Medicina e identidad sexual en España (1850-1960). Granada,
Comares Historia, 2012.
La publicación de un nuevo libro por el filósofo Francisco Vázquez García
y el hispanista y especialista en estudios culturales Richard Cleminson es
siempre una buena noticia para la historia de las mujeres y de género. Tras
su brillante trabajo Los invisibles, en el que nos acercaban a una historia
de la homosexualidad masculina en la España contemporánea, el presente
volumen nos sitúa ante un objeto de estudio cuya elección lleva ya implícito
un ejercicio de crítica. Publicada originalmente en inglés en 2009, la obra
Los hermafroditas. Medicina e identidad sexual en España (1850-1969) es
un apasionante recorrido histórico por la “ciencia del hermafroditismo”, es
decir, por los modos en los que esta categoría ha sido construida en diferentes
contextos y por diversos sujetos, con especial atención a los discursos médicos.
Y todo ello dando protagonismo a la experiencia de vida de los seres
humanos cuyos cuerpos materializaban el problema a resolver. El objetivo
es así la historización de la diferencia sexual a partir de sus márgenes más
inestables, desde los cuerpos que desafían el binarismo hombre/mujer y la
idea de que el sólo se puede tener uno de los dos sexos posibles. El libro
de Cleminson y Vázquez García contribuye así a cuestionar un orden que
se pretende inalterable y que ellos muestran cambiante, examinando “cómo
el sexo, el género y el cuerpo han sido construidos a la vez discursiva y
socialmente” en el curso de los últimos siglos. Los hermafroditas es, por
lo tanto, en su planteamiento y desarrollo, un texto crítico.
El libro es además el resultado de una impecable investigación histórica
apoyada en categorías y referentes epistemológicos de procedencia pluridisciplinar
y con clara vocación comparativa. Si bien el ámbito cronológico
del estudio abarca fundamentalmente la segunda mitad del siglo XIX y la
primera del XX, los autores nos ofrecen dos capítulos iniciales que considero
de gran valor. El primero de ellos dibuja las principales líneas de análisis
histórico del hermafroditismo y los debates teóricos e historiográficos en
torno al tema. Se nos introduce así en los relatos clásicos de definición
e indefinición sexuales: el hipocrático —el modelo de “sexo único”—, y
el aristotélico —con énfasis en la naturaleza dicotómica de los sexos—.
Ambos modelos, en ocasiones rivales, en ocasiones complementarios, han
condicionado en el tiempo las formas de entender el hermafroditismo. En
este capítulo introductorio, las propuestas de Michel Foucault y Thomas
Laqueur, determinantes en la ruptura con los enfoques naturalistas del dimorfismo
sexual, son también evaluadas de forma sucinta y clarificadora,
para dar paso a continuación a un repaso por los principales debates en
torno al sexo, género y el cuerpo en los estudios feministas (un apartado
cuya brevedad obliga a cierta simplificación). Este primer capítulo, que
cierra con un estado de la cuestión en el caso español, expone y sitúa el
marco teórico y las coordenadas históricas que orientan la lectura del resto.
Desde una perspectiva contemporánea, el segundo capítulo resulta especialmente
atractivo porque nos acerca a percepciones de la diferencia sexual
muy alejadas a las dominantes hoy en día. Huyendo conscientemente de
imágenes embellecidas del pasado premoderno, Vázquez García y Cleminson
exploran lo que denominan el “sexo estamental”, en el que la pertenencia a
un sexo era equivalente a la pertenencia a un rango, a un orden que llevaba
aparejado una serie de privilegios y prerrogativas. Desde esta visión, los
cuerpos constituían entes relativamente fluidos y maleables, aunque sometidos
a reglas y restricciones, más destinadas a gobernar los derechos asociados
a al sexo que a determinar la “verdadera identidad” de los individuos. En
una sugestiva exposición, a lo largo del capítulo se explora la triple experiencia
de la ambigüedad sexual en el “Antiguo Régimen Sexual”: como
cuerpos invocadores de maravillas y muestra del inescrutable designio divino
(mirabilia), como presagio del mal (magicus), y como signo de redención
(miraculus). A partir de la Ilustración, estas visiones evolucionarían, en un
juego de superposiciones y cambios irregulares, hacia lo que se define como
“sexo biológico”, en un proceso que se consolidó a lo largo del siglo XIX.
El núcleo del estudio está consagrado a explorar este complejo proceso de
desencantamiento, en el que los discursos científicos y la práctica médica
colaboraron a construir nuevas verdades sobre la diferencia sexual.
El estudio, cuidadosamente escrito y conceptualmente muy preciso,
mantiene un tenso equilibrio entre el peso de las narrativas paradigmáticas
y la compleja variedad de los procesos históricos, evitando caer tanto en el
esquematismo como en un positivismo infructuoso desde un punto de vista
analítico. La importancia de los diagnósticos individuales de casos clínicos
en el periodo que comienza en 1870 permite que estos textos se constituyan
en una fuente documental privilegiada a lo largo del estudio, sirviendo
además para evaluar la recepción de las teorías médicas provenientes del
extranjero, con las que los científicos españoles dialogaron activamente. En
el empeño por definir la verdad de los sexos y partiendo de un diagnóstico
de los genitales de sus pacientes, los médicos de las últimas décadas del
XIX cuestionaron la propia existencia del hermafrodita “real”, sustituyéndolo
por categorías como la de “pseudohermafroditismo” o “hipospadias. Los
autores plantean sin embargo que el modelo gonadal no llegó a predominar
del todo en España, o al menos del modo y en el momento en que lo hizo
en otros países.
Frente a esta tendencia, los años veinte del siglo XX fueron testigos de
una revitalización de la categoría de hermafroditismo. En aquellos años, tal
y como se recoge en el capítulo cuarto, las teorías de Gregorio Marañón
sobre la intersexualidad humana, aunque no libres de contestación, estaban
teniendo un enorme impacto dentro y fuera de la comunidad científica. En
un contexto de desafío a las fronteras de género por figuras tan desestabilizadoras
como la de la mujer moderna, las teorías de Marañón ofrecían
la certeza del esencialismo, el determinismo biológico y una versión “optimista”
de la marcha de la evolución humana en un sentido de creciente
diferenciación sexual, hasta el punto de hacer coincidir la máxima distancia
entre los sexos con la cumbre de la civilización. En la teoría marañoniana,
el hermafroditismo era retratado como una forma extrema de intersexualidad
y, a pesar de las inestabilidades creadas por este último concepto, la
dinámica de las secreciones internas pretendía ofrecer una base material y
certera para la definición de los sexos. De hecho, la capacidad explicativa
de los genitales como indicador del sexo se había venido desplazando desde
comienzos de siglo hacia las hormonas, misteriosas transmisoras de la esencia
de la feminidad y de la masculinidad. Pero esta capacidad dependía en
buena medida de la distinción estricta entre hormonas femeninas y hormonas
masculinas, y su capacidad para “proteger la determinación cromosómica”.
El quinto capítulo, que lleva por título “Del sexo verdadero al sexo
simulacro”, rastrea la evolución de las verdades construidas en torno a la
diferencia sexual y al hermafroditismo entre los años treinta y setenta del
pasado siglo. Por un lado, se recoge el testigo dejado por Marañón, destacando
el cuestionamiento de su teoría hormonal, que defendía la separación
de la producción hormonal por sexos, al demostrarse que las gónadas de
los organismos femeninos y masculinos no respetaban aquella distinción
establecida por él. Ya en el contexto de la dictadura franquista, esta crisis
vino acompañada —probablemente no en una relación causal— por una
vuelta al criterio gonadal durante los tempranos cuarenta. La reafirmación
del dualismo sexual estable dictado por las gónadas se conjugó con la reticencia
a aceptar toda forma de hermafroditismo en los seres humanos y con
la importancia concedida a la facultad reproductora de los órganos sexuales
como elemento determinante de la identidad sexual. Estas concepciones
encajaban armónicamente con la rigidez de la doctrina católica a la hora
de reconocer únicamente dos sexos, hombre y mujer, y con las posiciones
pronatalistas del nuevo régimen. De nuevo, ahora para el periodo franquista,
los cambios en el contexto se combinan en el estudio de Vázquez García y
Cleminson con las evoluciones discursivas y con el estudio de casos clínicos
tan impactantes como el de Teresa Pla Messeguer, el “maquis hermafrodita”.
Nacido en 1917 y tras una tortuosa vida de episodios violentos, ocultamiento
y huida, fue apresado en 1960 y no abandonó definitivamente la cárcel hasta
1977, obteniendo entonces el cambio de identidad como varón. Historias
como ésta muestran la estrecha relación entre los cambios político-sociales y
la evolución de las verdades construidas en el ámbito científico. Y muestran
también la importancia de unos y otros cambios en la experiencia de los
seres humanos, particularmente de aquellos cuyos cuerpos amenazan con
desmentir la verdad de los sexos.
Uno de los apartados más interesantes del libro es el que se refiere a
la década de los cincuenta en adelante. En estos años, señalan los autores,
se produjo un alejamiento del determinismo biológico de la década anterior,
abriéndose paso a una disociación de largo alcance: por un lado, el
considerado verdadero sexo biológico; por otro, la dimensión psico-social
de la identidad sexual, desde un mayor protagonismo de los elementos
educacionales y ambientales. Esta distinción abría la puerta —teórica— a
la noción de “transexualidad” como trastorno de identidad. De hecho, desde
el paternalismo médico, no fueron escasos los casos en los que la evitación
del escándalo y el decoro moral hicieron sacrificar “el verdadero sexo” del
paciente a la convicción íntima y social sobre su identidad sexual. Este tipo
de aproximación convivió con las investigaciones sobre la determinación
biológica del sexo sobre base cromosómica. Así, en este caso, como en
todos, los autores del libro demuestran con solvencia que no es posible
hablar de un único paradigma que estructure el conjunto de ideas y prácticas
en un determinado momento histórico. Esa coexistencia de categorías
y referencias hace que en ocasiones resulte complicado tener presentes el
conjunto de transformaciones en marcha en cada contexto. Pero a la vez, y
veo en ello una virtud reseñable del trabajo, los autores aciertan a ofrecer
las líneas interpretativas necesarias para comprender mejor esta dimensión
de nuestro pasado y conformar nuestro propio relato a partir de ellas.
Un sugerente capítulo de conclusiones pone fin a este volumen audaz
en su planteamiento, rico en referencias y sólido en su base documental;
un trabajo refinado conceptualmente, convincente desde el punto de vista
interpretativo y comprometido con su tiempo. Como señalaba al comienzo,
existen razones para celebrar un estudio que mira de frente y con espíritu
crítico cuestiones tan centrales para la historia de las mujeres como la
construcción de los cuerpos sexuados en tiempos pasados.

                                                             Nerea Aresti
                                                              Universidad del País Vasco

Monday, November 26, 2012

Jueves 29 de noviembre: comienza en la Fundación Ortega/Marañón el seminario Campo Filosófico/ Campo Político

 
Seminario organizado por nuestro proyecto de I+D conn la colaboración con la Fundación Ortega-Marañón. Debajo se indica el programa, que también puede consutarse aquí
 
 
Jueves 29 de noviembre
 
16 h. Presentación
 
16: 30- 18 h.: Epistemología, Ciencia y Política
Ponentes:
José Luis Moreno Pestaña: "Las condiciones sociales de la franqueza"
Jean-François Braunstein: "Georges Canguilhem et l'épistémologie historique, entre histoire des sciences et politique"
 
Moderador: Fernando Vallespn Oña
 
18: 30- 20: 00 h.: Historia de las ideas y de los intelectuales en España
Ponentes:
Santos Juliá: "Intelectuales en Transición"
Javier Zamora Bonilla: "Ideas con Historia e Historia con Ideas"
 
Moderador: José Álvarez Junco
 
Viernes 30 de noviembre
 
10: 00- 11: 30 h.: Crítica Social e Intelectuales
Ponentes:
Jacobo Muñoz Veiga: "Auge y decadencia de los intelectuales"
José Luis Bellón Aguilera: "La historia social de Carlos Blanco Aguinaga"
 
Moderador: Germán Cano Cuenca

11: 30- 12: 00 h. Descanso

12: 00-13: 30 h.: Ortega y la Política
Ponentes:
Jaime de Salas Ortueta: "El concepto orteguiano de la política"
Alejandro Estrella González: "Ortega transterrado: recepción y desarrollo de la escuela de Madrid en el campo filosófico mexicano"

Moderador: Antonio García Santesmases

14: 00-16: 00 h. Almuerzo

16: 00-17: 00 hh.: Enfoques filosóficos y sociológicos en Francia, siglo XX
Ponentes:
Gerard Mauger: "Le sociologue et la politique"
Johannes Angermüller: "La French Theory. La création d'un mouvement intellectuel entre champ philosophique et champ politique"

Moderador: Francisco Vázquez García

18: 00-19. 30 h.: Sociología de la Filosofía
Ponentes:
Francisco Vázquez García: "Campo filosófico y tomas de posición políticas en el neonietzscheanismo español (1969-1982)"
Louis Pinto: "Les neveux de Zarathoustra: avant-gardisme, gauchisme et postmodernisme"

Moderador: José Luis Moreno Pestaña

19: 30 h. Clausura



 


Thursday, November 22, 2012

22 de noviembre Día Mundial de la Filosofía: Presentación de la Red Española de Filosofía (REF)

 
 
     Con motivo del Día Mundial de la Filosofía, establecido en 2005 por la UNESCO para el tercer jueves de noviembre, tiene lugar hoy en Madrid, en el Salón de Actos del Ateneo a las 19'30 h., el acto de presentación de la Red Española de Filosofía (REF). Esta sociedad, fundada para la defensa de la Filosofía en el ámbito español, hizo pública el 5 de mayo de 2012, la Declaración de la Filosofía Española. Reproducimos debajo la Nota de Prensa acerca del acto que se celebra esta tarde:
 
 
NOTA DE PRENSA
 
ACTO DE PRESENTACIÓN
de la RED ESPAÑOLA DE FILOSOFÍA (REF)
 
Jueves 22 de noviembre de 2012, 19:30 h.
Salón de Actos del Ateneo de Madrid
C/ Prado, 21. Tlf.: 91 429 17 50
 
Intervienen:
 
Antonio Campillo
Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia,
presidente de la Conferencia Española de Decanatos de Filosofía
y miembro de la Comisión Permanente de la Red Española de Filosofía
 
Esperanza Rodríguez
Profesora de Filosofía en el IES Margarita Salas de Majadahonda (Madrid),
miembro de la Plataforma en Defensa de la Filosofía de Madrid y Castilla-La Mancha
y miembro de la Comisión de Enseñanza Secundaria de la Red Española de Filosofía
 
José Luis Pardo
Catedrático de Filosofía en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense, experto en el pensamiento filosófico contemporáneo y Premio Nacional de Ensayo 2005 por su libro La regla del juego
 
Adela Cortina
Catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia,
Directora de la Fundación Étnor, Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2007 y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
 
 
Desde la Grecia antigua, la Filosofía es una parte consustancial de la civilización europea, como las ciencias, las artes y las instituciones democráticas. En la época moderna, la tradición filosófica europea se ha extendido por el resto del mundo y ha entablado un diálogo cada vez más fecundo con otras tradiciones filosóficas y culturales. De este modo, la Filosofía se ha convertido en un patrimonio vivo de toda la humanidad, una especie de código intercultural a través del cual pueden comunicarse los diversos pueblos de la Tierra. Prueba de ello es que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) reconoce a la Filosofía un papel fundamental en la educación moral e intelectual de los ciudadanos de todo el mundo. Por eso, en 1995 hizo pública la Declaración de París a favor de la Filosofía y editó el informe Filosofía y democracia en el mundo, en 2005 estableció el Día Mundial de la Filosofía (que se celebra el tercer jueves de noviembre), y en 2007 editó el informe La Filosofía, una escuela de libertad.
 
La Filosofía es una “escuela de libertad” porque educa a los niños y jóvenes en el ejercicio autónomo y riguroso del pensamiento, les enseña a reflexionar sobre el mundo y sobre sí mismos con una mirada crítica, y los capacita para argumentar y dialogar racionalmente con sus semejantes, reconocer la pluralidad de los diferentes puntos de vista y buscar el entendimiento mutuo en los diversos campos de la experiencia humana. Por eso, ante las transformaciones, conflictos e incertidumbres de una sociedad cada vez más compleja y globalizada, los estudios de Filosofía son una herramienta indispensable para la comprensión del mundo y la comunicación racional entre todos los seres humanos. La Filosofía no es un adorno cultural que se permita el sistema educativo como un complemento de formación, es también un instrumento fundamental para la comprensión del lugar de los demás estudios en un plan de vida como persona y como ciudadano.
 
La crisis que desde hace cinco años está sufriendo Europa, y en particular España, es extremadamente grave, porque está afectando de modo profundo a todos los ámbitos de la vida humana: es una crisis de nuestro modelo económico y social, pero es también una crisis política de nuestras instituciones democráticas, y es en último término una crisis del pensamiento, de la ciencia, de las artes, en fin, de toda la cultura europea.
 
Ante la gravedad de esta situación, la comunidad filosófica española ha decidido emprender un proceso de vertebración y cooperación entre todas las asociaciones e instituciones relacionadas con el cultivo de la Filosofía. El resultado ha sido la constitución de la Red Española de Filosofía (REF), que agrupa a todas las Facultades de Filosofía de España, al Instituto de Filosofía del CSIC y a más de treinta asociaciones filosóficas que representan a los diversos campos temáticos, los diversos niveles educativos y las diversas comunidades autónomas. El 5 de mayo de 2012, la REF hizo pública la Declaración de la Filosofía Española, que ha sido traducida a todos los idiomas oficiales de España y a varios idiomas europeos.
 
Con motivo del Día Mundial de la Filosofía, y en respuesta a la grave situación de crisis económica, política y cultural en la que vivimos, la REF ha decidido hacer su presentación pública ante la sociedad española. Queremos que esta presentación sea una celebración, pero también una reivindicación de nuestra profesión y una llamada de atención ante las administraciones educativas y ante la opinión pública, para que valoren la importancia de la Filosofía en la formación de los niños y jóvenes españoles.
 
Hemos comprobado que en todas las reformas educativas de la democracia española -y ya van siete-, los sucesivos gobiernos de España, tanto los del PSOE como los del PP, han utilizado las materias filosóficas de la enseñanza secundaria como un arma arrojadiza en sus batallas ideológicas, en lugar de respetar su autonomía académica y reconocerlas como elementos esenciales de un sistema educativo democrático.
 
La última reforma educativa promovida por el actual gobierno de España -el Anteproyecto de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), presentado recientemente por el Ministro de Educación, José Ignacio Wert-, entre otras novedades, elimina por completo la Ética, que es la única materia filosófica estudiada en la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), y que ha estado presente en el sistema educativo español desde 1980, primero como materia del antiguo BUP y posteriormente -en la LOGSE (1990) y en la LOE (2006)- como materia obligatoria común en el último curso de la ESO. Creemos que la supresión de la Ética es un desacierto que no tiene justificación pedagógica. Por ello, pedimos al Ministerio de Educación que corrija este grave error en la tramitación de la Ley.
 
Por último, la Red Española de Filosofía manifiesta su disposición a cooperar con las autoridades educativas para diseñar un curriculum de las materias filosóficas de la enseñanza secundaria que sea coherente y riguroso, y que esté a la altura del mundo en el que vivimos.
 
Madrid, 22 de noviembre de 2012
Contacto:
Antonio Campillo, 648227939
Luis María Cifuentes, 655624726
Esperanza Rodríguez, 669578080
Fernando Rampérez, 615632975


Wednesday, November 21, 2012

18 de noviembre. Sesión de Catas con Arte: "Lujuria y Chocolate" (Francisco Vázquez)

 
 
El pasado domingo 18 de noviembre a las 17 horas en la Posada "Babilonia" tuvo lugar una nueva sesión de "Catas con Arte", titulada "Lujuria y Chocolate". Insertamos debajo la noticia correspondiente y, a continuación, el texto de la charla de Francisco Vázquez
 
Sabíamos que te gustaba el chocolate, incluso tomarlo con un buen vino, un espumoso, en una tarde otoñal...pero a esa mezcla de sabores le falta placer desenfrenado, música sensual y alguien que nos vaya deleitando con un poco de lujuria.
I want your sex. Os vamos a recibir con esta canción ochentera de George Michael que fue prohibida por muchas radioemisoras en horario diurno tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña, debido a su letra provocativa...
Te presentamos la cata con arte lujuria y chocolate en la Posada de Babylonia, la disco de moda en Cádiz.

Vamos a maridar los chocolates de Tres Martínez  (una empresa familiar de repostería artesana de Barbate con una tradición que comienza en 1886) y Pepi Martínez, maestra pastelera, nos explicará sus deliciosas creaciones, con un Pedro Ximénez de las Bodegas Romate de Jerez y un Brut espumoso. Lo fusionaremos con la música en directo de un violinista gaditano, Emilio Martín que nos evocará temas musicales eróticos y la intervención académica de Francisco Vázquez, Catedrático de Filosofía de la UCA y especialista en Historia de la sexualidad, la desviación y el erotismo, que nos demostrará científicamente la relación entre lujuria y chocolate y desvelerá momentos de la sexualidad: Los pecados de la lujuria de Santo Tomás, la sodomía, la cultura erótica y los vicios solitarios.
 La Cata comprende:
  • Chocolate de té verde
  • Cremoso de chocolate con 70% cacao
  • Chocolate con 72% cacao de fruta de la pasión
  • Bombones con guindillas al 78% cacao
  • Orgasmo de chocolate, una creación exclusiva de Tres Martínez (bola de chocolate con una trufa de chocolate rojo y frambuesa en su interior, apoyada en un bizcocho plumcake de remolacha)
  • Pedro Ximénez "La Duquesa" de Romate y un Espumoso Brut
  • Música en directo
  • Intervención académica
  • Pasión desenfrenada

Historia del gusto e historia del erotismo
El chocolate no tiene efectos afrodisíacos probados. Contiene, no obstante, una combinación de sustancias como la cafeína, la teobromina y la feniletilamina que, mezcladas, producen efectos euforizantes similares a los producidos en el orgasmo.
No obstante, existe el mito de los efectos eróticos del chocolate. A esto ha contribuido la leyenda de su origen. Inventado por los mayas y difundido posteriormente entre los aztecas, se cuenta que el cacique Moctezuma consumía un batido espumoso de chocolate antes de visitar a sus distintas esposas.
Sin duda existe una marcada analogía entre el placer de disolver un bombón entre la lengua y el paladar –como recomiendan los confiteros belgas- y el goce sexual, pero no existe nexo causal entre ambas experiencias.
Esta analogía revela la fuerte proximidad entre la historia del gusto y la del erotismo. En las civilizaciones griega y romana, el gusto gastronómico y el erotismo no estaban diferenciados. Formaban parte del mismo conjunto de conductas; lo que los griegos designaban como los aphrodisia. El problema moral en la ética de la virilidad que regía en estas civilizaciones era si el adulto sería capaz de administrar activamente sus placeres o si se encontraría dominado por ellos. En el primer caso era viril, en el segundo, afeminado, porque se rebajaba a la condición pasiva. Así, un hombre que se dejaba arrastrar por su pasión por las mujeres, el vino o la comida, se consideraba públicamente como afeminado.
Así, la Dietética y la Erótica formaban parte del mismo cuerpo de saberes: los referidos al buen uso de los placeres. De ahí sus entrecruzamientos y la importancia de ciertos remedios y sustancias que, consumidas, permitían mantener un coito prolongado o excitar el deseo erótico.
Esta preocupación por tales remedios y tonificantes eróticos tenía que ver con dos convicciones íntimamente relacionadas entre sí y establecidas por la Medicina griega, hechos que se mantendrían vigentes casi hasta el siglo XVIII.
En primer lugar, se consideraba que el semen masculino era una forma purificada de la sangre. Su pérdida equivalía a 40 veces la pérdida de sangre, por lo que debilitaba mucho al organismo. Por eso eran tan importantes los remedios que mantenían la erección sin llegar a la eyaculación.
En segundo lugar, para que la mujer quedara fecundada, se entendía que su semen debía mezclarse con el del hombre. Es decir, la mujer debía llegar al orgasmo y emitir así su semilla.
Se estimaba entonces que los alimentos suculentos y que producían ventosidades (habas, castañas, asados) eran favorables para estimular y mantener las erecciones (el aire aumentaba la inyección sanguínea y la erección).
La edad de oro de los afrodisíacos se sitúa entre el Renacimiento y la cultura del Barroco. La alquimia y la farmacopea preparaban bálsamos, pociones y filtros de Nevus cuyos componentes se apoyaban en el principio de analogía: sesos de gorrión (se creía que este animal copulaba hasta 83 veces por hora), el diasatyrion (una variante de orquídea cuya raíz bulbosa era semejante a los genitales masculinos). Por otro lado se creía que los alimentos con poco aire minimizaban las erecciones. Por ejemplo, los frutos secos. Por eso en la dieta de los Padres del Desierto o en los regímenes monásticos eran muy recomendados, ya que evitaban las poluciones nocturnas y preservaban la castidad.
  Santo Tomás y las siete especies de la lujuria
Junto a una cultura que en la edad moderna multiplicaba los bálsamos venéreos, las pociones afrodisíacas, los filtros amorosos y los ungüentos eróticos, coexistía otra, ligada a instituciones como la teología y el derecho, que catalogaba y perseguía los pecados contra la lujuria.
Aquí la obra de referencia era la Suma Teológica de Tomás de Aquino, publicada en el siglo XIII. En la Secunda Secundae, quaestio 154, el Aquinate se refiere a las especies de la lujuria. Distingue siete tipos en orden de gravedad creciente: fornicación simple, adulterio, incesto, estupro, rapto, sacrilegio y vicio contra naturaleza. En los seis primeros se atenta contra la unión matrimonial entre los seres humanos, pero en el séptimo se atenta directamente contra Dios. Se trata de una rebelión contra el mandato divino (“creced y multiplicaos”), al impedir la posibilidad de la generación, que el el modo humano de proseguir la tarea creadora del Génesis.
Dentro del vicio contra naturaleza se reconocen tres variantes: la molicie o polución voluntaria (semejante a la masturbación), la bestialidad y la sodomía. Repárese en que la polución voluntaria, dentro de este cuadro canónico, era un pecado más grave que el incesto, el adulterio y la violación.
   Sodomía
Dentro de los pecados contrarios a la naturaleza, el más comentado y perseguido era el de sodomía. Esta podía ser de dos tipos:
a)                Perfecta, cuando se producía la penetración de hombre a hombre, de mujer a mujer (mediante alguna clase de consolador) o de hombre a mujer por vaso indebido.
b)               Imperfecta, cuando un hombre tenía relación con otro sin llegar a penetrarlo, o cuando una mujer tenía relación con otra sin que mediara penetración.
En España, el delito de sodomía entre los siglos XV y XVIII, estaba penado con la muerte del reo. En Castilla la jurisdicción le correspondía a los tribunales reales, pero en los reinos de Aragón, el asunto era competencia de los tribunales inquisitoriales. La pena de muerte sólo se aplicaba en los casos de sodomía perfecta. La imperfecta entre hombres podía ser castigada con pena de azotes, confiscación de los bienes y la cárcel.
La sodomía imperfecta entre mujeres, ni siquiera era castigada, porque los besos y caricias eróticas entre hembras se consideraban algo grotesco y absurdo, más motivo de risa que de indignación.
Por otro lado, aunque se dieron, los casos de condena por sodomía perfecta entre mujeres fueron sumamente excepcionales. Generalmente se consideraba que la penetración entre mujeres sólo podía tener lugar o mediante dildos o valdreses (consoladores hechos habitualmente de pellejos de animal) o porque se consideraba que una de las mujeres era semihermafrodita, provista de un clítoris desmesurado (virago), del tamaño de un pene.
 
Cultura Erótica
Pese a la persecución de los pecados de lujuria por parte de las autoridades religiosas y civiles, se desarrolló una poderosa cultura erótica que se convirtió en industria de masas en el siglo XIX. Esto es válido incluso para países de tradición estrictamente católica y en los que la Iglesia conservó un inmenso poder, como es el caso de España.
Así, entre 1900 y el final de la Guerra Civil, despegó en nuestro país una boyante industria del erotismo que se difundió a través de múltiples registros.
En primer lugar la producción de postales, desde las simplemente picantes hasta las abiertamente pornográficas, fabricadas principalmente en Francia, aunque también hubo empresarios españoles de este ramo. Estas postales a menudo se guardaban disimuladas por sus coleccionistas, en álbumes que contenían estampas religiosas o fotografías de la familia real.
En segundo lugar, una gran variedad de literatura erótica, desde los panfletos más brutalmente obscenos, editados clandestinamente (con nombre ficticio y alusivo de autor y de la editorial, por ejemplo “Barón del Perote”, editorial Falo) y vendidos en burdeles, hasta novelas cortas de cierta calidad literaria, como las publicadas por Felipe Trigo, Álvaro de Retana o Joaquín Belda, pasando por esos folletines “ardorosos”, “para leer con una sola mano”, que se distribuían bajo cuerda por parte de algunos comerciales.
En tercer lugar, el mundo del espectáculo: vodeviles, cuplés y revistas satíricas con escenas que iban desde lo galante y pícaro hasta lo chabacano. Fue famosa, por ejemplo, la canción de La Pulga, un número erótico importando de Francia, que podía verse en Madrid a finales del siglo XIX en el Teatro Barbieri, interpretado por la Bella Chelito.
A este muestrario hay que añadir la introducción del cinematógrafo. Las primeras tres producciones españolas del género pornográfico datan de comienzos de la década de los veinte. Se titulan “El Ministro”, “Consultorio de Señoras” y “El Confesor”, y en ellas se mezcla el erotismo descarnado con la sátira política y anticlerical.
Todo este despliegue de cultura erótica fue bautizado por el escritor madrileño Álvaro Retana, como “La Ola Verde”. Pero el término que mejor lo expresa y que era de uso común en la España de los años 20 y 30, era el de “sicalipsis”, que procede de los vocablos griegos sykon (vulva) y aleptikós (excitación). La sicalipsis abarcaba todo este complejo de productos y consumos eróticos.
La Masturbación: del infierno a la terapia
Antes, al referirme al “vicio contra naturaleza”, mencioné una de sus variantes: la “molicie” o “polución voluntaria”, que hoy (bajo una conceptualización diferente) está de actualidad a raíz de cierto vídeo de una concejala española difundido por Internet. Pese a su gravedad en el catálogo establecido por Tomás de Aquino, no era un pecado que obsesionara excesivamente a las autoridades civiles y religiosas de la edad moderna, salvo a las personas encargadas de supervisar a los que vivían bajo disciplina eclesiástica en conventos e internados.
El “gran pánico” suscitado por la masturbación fue más bien de origen sanitario y tuvo su punto de partida en el difundidísimo texto (63 ediciones entre 1760 y 1905) de un facultativo suizo: Samuel Auguste Tissot, L’Onanisme, 1758 ed. latina, 1760, ed. francesa).
Este doctor presentaba un amplio repertorio de casos clínicos mostrando los efectos devastadores de la masturbación, no sólo para la salud individual (consunción de la espina dorsal, “locura masturbatoria”, tísis, ceguera, etc..) sino para la colectiva, ya que aquejaba a los afectados, de impotencia y esterilidad.
El gran miedo de origen médico, extendido entre los siglos XVIII y XIX, se refería principalmente al onanismo masculino, considerándose que el derroche inútil de esperma producía el deterioro masivo de la energía vital. El onanismo femenino también fue objeto de preocupación, pero se entendía como causa o síntoma de una enfermedad mental (el furor uterino o ninfomanía)  y no tanto como una patología “total”, con derecho propio.
Las campañas para desarraigar el “funesto hábito” apuntaban tanto  a las familias (“vicio solitario”) como a los internados (“vicio escolar”). Los higienistas daban consejos a los padres acerca de la vigilancia de criados y nodrizas y proponían técnicas para detectar la presencia del vicio (examen de la tonalidad y textura de las manchas de la ropa interior, inspección ocular del rostro y la conducta del muchacho, irrupción “in fraganti” en el dormitorio) así como todo un arsenal terapéutico (desde el bromuro de alcanfor, la ligadura del pene, la cauterización de la uretra, el “dispertador electro-médico”, el psicróforo o sonda conectada a la uretra, anillos espinados, arneses acorazados, ropa de cama especial).
Hoy nos sonreímos ante esta pretérita parafernalia antimasturbatoria, pero en realidad podríamos hacerlo de nosotros mismos. Nuestros sexólogos afortunadamente ya no etiquetan de patológico al onanismo, pero, de un modo no exento de ridiculez, consideran la ausencia de esta práctica como indicio de un potencial trastorno.
Sugieren por ello que los padres y educadores deberían preocuparse si el adolescente o la adolescente no se masturban, pues ello apuntaría a un déficit a la hora de conocer y comunicarse con su propio cuerpo, con posibles secuelas futuras de frigidez o impotencia.
Pero no hay que extrañarse; la cultura propia del primer capitalismo industrial, que ponderaba el ahorro, la autodisciplina y la restricción del dispendio suntuario, veía en el onanismo un gasto superfluo, improductivo. En nuestro tardocapitalismo, sustentado en el consumo y en la continua producción de nuevas necesidades (del móvil al Ipad), el que no se masturba es sólo un mal cliente potencial.   
 
Bibliografía
Béjin, André: “El poder de los sexólogos y la democracia sexual” en Ariès, Ph., Béjin, A., Foucault, M. y otros: Sexualidades Occidentales, Barcelona, Paidós, 1987, pp. 283-306
Camporesi, P.: Les baumes de l’amour, Paris, Hachette, 1990
Carrasco, R.: Inquisición y represión sexual en Valencia. Historia de los sodomitas (1565-1785), Barcelona, Laertes, 1985
Corbin, A.: L’harmonie des plaisirs. Les manières de jouir du siècle des Lumières à l’avènement de la sexologie, Paris, Perrin, 2008
Dover, K. J.: Homosexualidad griega, Barcelona, El Cobre, 2008
Foucault, M.: El uso de los placeres. Historia de la sexualidad II, México, Siglo XXI, 1986
Guereña, Jean-Louis: Un infierno español. Un ensayo de bibliografía de publicaciones eróticas españolas clandestinas (1812-1939), Madrid, Libris, 2011
Laqueur, Thomas: Solitary sex. A cultural history of masturbation, New York, Zone Books, 2003
Muchembled, Robert: L’orgasme et l’occident. Una histoire du plaisir du XVIe siècle á nos jours, Paris, Seuil, 2005
Redon, O., Sallman, L., Steinberg, S. (eds.): Le désir et le gout. Une autre histoire (XIIIe-XVIIIe siècles), Paris, Presses Universitaires de Vincennes, 2005
Vázquez García, Francisco y Seoane Cegarra, José B.: “España y la cruzada médica contra la masturbación (1800-1900). Elementos para una genealogía”, Hispania. Revista Española de Historia, 64, nº 218 (2004), pp. 835-867
Velasco, S.: Lesbians in early modern Spain, Nashville, Vanderbilt U.P., 2011
Zubiaurre, Maite: Cultures of the erotic in Spain, 1898-1939, Nashville, Vanderbilt U.P., 2012